
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNEZ
Falsos profetas de la política del empleo, han visto crecer, poco a poco, la infamia – muchos de ellos- del juego para crear multiniveles con fachada de directorios. De manera personal y egoista.
Vía firmas o cañando, para pelear cualquier puesto o papel de reparto de segunda, como contraprestación al “denodado esfuerzo” de la farsa.
O, de quienes se ´lanzan´ al vacío conociendo qué les espera en la refriega electoral. ¡Vanidad de vanidades! O, de quienes fungen de modestos ´fusibles´ como herramientas que nada transmiten o poco aportan.
Se ven en la diáspora municipal. En las capitales y en municipios aupados por ´paracaidas´ de todas las catuduras. Es sino dar un repaso, para saber quienes juegan a la tramoya. Al fingimiento, al engaño.
Hay ciertos infumables o innombrables, en cada municipio y departamento, con el apodo ya casi de ex candidatos.
Después, salen sudorosos y fríos, con ojeras que no disimulan, culpando a la prensa de sus desastres. De sus desiertos electorales.
Será apasionante, pues, ver de corrido de aquí al 29 de julio, muchos “bajándose” del pedestal creado – artificioso y sustentado en engaños paulatinos- para avanzar en la feria. En el carnaval posible de sus pretensiones ciegas, pero jugosas a la hora del dividendo.
Serán menos. El tiempo y las reglas, los ´ahorca´ en la dramaturgia del poder. Será pues, una rica procesión de santos sin corona en las Registradurías y en las Delegaciones Departamentales del Estado Civil. Un surtido como trofeo de esquina abandonado en cualquier vitrina.
La que los deja bajo sospecha electoral con el cuentico aquél, de no tener “juego político” o con la espiral de unas “elecciones costosas” cuando se trata es de sumar votos y cuando de por sí, ya saben el papel de gregarios o de alma de subalternos que a muchos acompaña en la aventura electora. De buscar respaldo ciudadano.
Esta semana y la siguiente, los hemos de ver en la subasta electorera. Recogiéndose. Cerrando el paraguas o el abanico y culpando – a diestra y siniestra – a fantasmales enemigos. Son expertos en crear molinos de viento. Menos mal, que el tiempo se les agotó para que de una vez por todas, se quiten el disfraz que muchos de ellos, tienen de carroñeros.
De buitres persiguiendo “carne” del animal político que riega su cuerpo por la sociedad.
