
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
El espíritu inquisidor ha permitido con ilustrado apasionamiento, ensañarse contra la gerente del parque Ukumari, Sandra Milena Correa Montoya.
Lo han hecho en gavilla y de una manera que raya con la vindicta humana.
Se nos olvidó que es otro sueño tejido por los pereiranos.
Su familia toda, ha alcanzado parte de ese lodo vertido. Funcionarios han sido derretidos en cuanto escenario existe y que huela a experticia animal en el sonoro episodio de la muerte de los chimpancés. ¡Expertos en todo!
Como cazando un trofeo para ubicar en cualquier museo de desgracias posibles. Han arrastrado, con vileza, con su honra y su inmenso profesionalismo. Con una vida dedicada con esplendor y grandeza, al manejo de un centro de estas características. Pocos – pero muy pocos – conocen su trayectoria. Pocos conocen su especial dedicación al centro.
Su apego, su disciplina, su inmenso conocimiento – que la hacen autoridad internacional reconocida – fue pisoteada. No se han detenido a analizar los aportes hechos al engrandecimiento del centro, más allá de los cuestionamientos terrenales a la existencia de un parque con estas características temáticas. Aquí se ultrajó en gavilla. Los valores humanos posibles, se hicieron aun lado y trapearon con el esfuerzo de muchos años de ella. De una institución fortalecida y con reconocimiento.
“Canibales” del parque, se volvieron – de la noche a la mañana – pontífices de teorías darwinianas tratando de justificar lo injustificable.
No dejaron títere con cabeza. Aquí se “barrió” con todo: la miseria humana creció con la ley de la selva y se metió en los peores resquicios humanos. Condenamos y fuímos jueces. La bajeza humana iluminada, cargada para la canallada con una deslealtad a la propia ciudad, que desbordó límites. Con una antropofagia propia del detritus moral que compara e iguala, en la misma jaula humana.
Acaso, cuántos de quiénes salen con pitos y bromas insulsas, de “decapitadores” de opinión se acordaron de la supervivencia de los ejemplares en Ukumary, en la ¿cruel época de la epidemia Covid -19?
¿Dónde estaban ciertos animalistas, que hoy ¿pican piel?
Todas las responsabilidades posibles, cayeron sobre la doctora Sandra. Sin excusa alguna. Que se investigue sí pero que no condenen o disparen, sin que el juicio elemental trascienda malucas hipótesis. En la presunción insana de la guillotina suelta.
El ojo de anteojos, está suelto. Hablo, claro está del vocablo indígena, con el que los Emberás Chami, los identifican. Se nos olvidó que fue una simbiósis del zoológico de Matecaña, que permitió el traslado de 120 individuos al bioparque. Hoy, semeja, un ´zoológico´ humano, donde la mayor hazaña, es el descuartizamiento moral y, por ende, el ético.
Por eso, repito desde estas líneas: por favor, no ´disparen´, es ¡Sandra Milena! La acompañamos y que se haga justicia.
