
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Hizo carrera en ciertos círculos políticos de Dosquebradas, que no pasará el Plan de Ordenamiento Territorial, porque “la canasta está vacía”.
Porque no hay plata para -guardadas las proporciones – el “impulso procesal”, como se conoce en el medio judicial. El engrase. La “concertación” que no llega. ¡Es una vergüenza!
Desde el 2020, en un trabajuo conjunto, se consideraron múltiples variables ambientales, por un medio sano y seguro para la población Dosquebradense.
El impacto es nulo. Por un oído les entra y ¡por el bolsillo les sale!
Y, es curioso, que de los varios concejales -aspirantes, excepción de Roberto Jiménez, no se hayan pronunciado de fondo, sobre tan delicado tema, que hoy da vueltas en un torbellino de intereses.
Debe estar y considerarse en una agenda pública y no clandestina. Los líderes, los buenos y los malos que rondan por la época, deben exigir con claridad que és lo que quieren, quienes dicen los van a representar con decencia.
Hablo claro está de Tatiana López y Óscar Mauricio Toro. Es con ellos también, pero nada mas oprobioso que el silencio.
La ciudadanía debe conocer que piensan del mismo en esta relación de ecología humana.
El tema no puede pasar de agache o esperando que el surtido de actores que suman a los calificados intereses, dé “órdenes secretas” para que la maleza lo tumbe. Hablo claro está de lo que se mueve a su alrrededor.
El alcalde, Diego Ramos, puso su parte en lo técnico, ambiental, recursos, para que el recatado documento no se “quedara roncando” o entre resquicios de malhadados escritorios, con la típica “engavetada” de la que muchos son expertos.
Esta ciudad en obra negra y desordenada, ojalá permitiese al de a pié y en carro, y en cicla, al empresario oculto en su comodidad, con su reclamo, establecer un horizonte de desarrollo.
Pero da risa ver ciertos gremios de Dosquebradas, calculando mal. Haciendo mutis y fo por el foro. Por la discusión planteada de manera abierta y no cerrada, como muchos quisieran, sobre lo que acontece en su suelo, con los residuos sólidos, con su espacio público, lo hídrico.
No pueden estar, como ciertos ambientalistas, que se “pudren desde su raiz” por su extraña forma de concebir la naturaleza.
La “canasta”, debe estar llena de ideas, argumentos, de relacionamiento y no de intereses pícaros. De ciertos tunantes con brillo, de por sí desvergonzados al calor de la democracia ambiental y de sus turbiedades.
