
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Muchos, desde diversos lugares, apostaron a que a Mauricio Vega Lemus, le fuese mal con la promesa – palabra gastada y perrateada en el país – de cumplir con la apertura del puente El Iluminado (antes El Alambrado)
De paso, mostrar que las concesiones debían de salir y que la ingeniería, seguía siendo una porquería. Que los ODINSA que tiene Colombia, son un simulacro de descarados sentados en poltronas finas. Nada más alejado de la realidad, que lo vivido como para seguir siendo optimistas. Para no tirar el ancla al mar de las lamentaciones y alcanzar pozos de desperanza. ¡No!
Creció el egoismo cierto: que a la ingeniería se le ¡caía hasta un andén!
Acto vergonzoso para demostrar que la corrupción alcanzaba delirantes indicadores. De Estado – ladrón-, de cacocracia envalentonada.
Que caíamos muy profundo. Que los huecos de los abismos, tenían redes atrapadoras de presupuestos que iban izados con componendas que cortejaban los secuestradores de lo público.
Que la gerencia gastaba más de la cuenta y que el capitan del barco mantenía en ebriedad profunda.
Se han ido, es cierto, contra lo privado en la negación del manejo cuidadoso y rentable de grandes megaproyectos. Creció el lamento persistente, que el Estado era mal administrador para “feriar” lo que daba plata. Para “engrasar” la lujuriosa asistencia de mandos medios, con afanes de clase emergente delirante.
Lo vivido esta semana, en El Alambrado, fue una lección de fe en Colombia. De un renacer cierto, plagado de esperanza en las instituciones. Pocos dan crédito, que pinche de empresas colombianas -como muchos prefieren llamarlas de manera soterrada – hayan alcanzado semejante éxito. ¡Que paradoja! Muchas firmas, muchos sueños y lecciones gratas, como ejemplo de la memorable jornada. De la épica jornada. Del hito alcanzado.
Si se repasa lo dicho y lo hecho, se ¡honró la palabra! ¡Se logró! Se trabajo en equipo, extraño en un colectivo nacional plagado de individualismos zonzos.
Mucha lección de país, acostumbrados a tanto engaño y a la mentira maquillada, por quienes sufren de embrujo de poder y sólo saben cargar alfombras hipotecadas al mejor postor. Gracias, ¡doctor Mauricio! ¡Gracias, Con cesionaria, Autopistas del Café!
