
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
El partido conservador, ultrajado en urnas, cedió terreno. Pero eso poco parece interesar a los mayores accionistas de esta empresa electoral en Risaralda, como si en verdad no fuese la cereza del pastel. No lo es.
Escamoteado en urnas en la pasada contienda en elecciones al Congreso, donde perdió aire en el escaño a la Cámara y los votos en Risaralda, se evaporaron para el Senado, no es menos cierto y de mayor riesgo, el registro electoral en la contienda territorial.
El partido conservador quedó en manos de Rivera Juan Carlos. Sus tentáculos son medibles para la Asamblea – dos credenciales – y una para el Concejo de Pereira. Faltan datos de otros municipios.
Agreguéle a ese brebaje azul, la entrega de la gobernación y de determinadas alcaldías. En Dosquebradas, ni siquiera se atrevieron, como en otras localidades donde faltan datos, a presentar candidatos a las alcaldías.
Cada quien marca territorio y abre trinchera, en la emboscada perpetua
El liberalismo, el vecino de patio, tiene arrastre que no obedece a los intereses supremos del jefe mayor, el senador Juan Pablo Gallo. Mucho menos en la inoperancia de sus Representantes, cargados de intereses de cada quien en su laberinto.
El robusto escenario, lo coloca de bruces con sus retoños desobedientes en el concejo y no menos duro, la embestida con los diputados. Tiene mayorías que actúan – aprendieron rápido – bajo la consigna de baratijas y de un partido insular. Atomizado.
Se vió de sobra a la hora del balance, tanto para la dupla montada alcaldía – gobernación. Hubo variedad en la piñata y resultados que el partido rojo no asimila, ni confronta.
No hay autocrítica y evaluación. ¡Personalismos, muchos! Jugaron al sálvese quien pueda, empezando por sus congresistas. Hay partido suelto. De alquiler, de franquicia y de bazar. Por eso, nadie hace sonar la campana en un llamado desesperado por aglutinar.
Como en el azul, ahora el rojo, tiene su territorio marcado, pero con muchas trincheras abiertas en las muchas emboscadas trazadas.
Igual, podríamos decir en ese escenario de miedo y pánico que subyace en un partido movedizo y de crujientes egos, como la izquierda apadrinada por múltiples riesgos.
Pese a tener gobierno, el despeñadero, los asusta.
Ahora, después del desastre y de tener gobierno, el Centro Democrático, después del pesado interior donde dormian el éxito, buscan oxigenarse.
Saben, como los otros, que deben enderezar el camino. Con ideas, trabajo y objetivos. No política de aves menores que levitan con la chuchería. Buscar política de sensatez y no de fulanismos, debe ser ¡imperativo.!
