
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Han dejado correr- con rabia y encono- ciertos guasones oportunistas, una mala hora que no existe para la Universidad Tecnológica, si nos atenemos a todos los indicadores y estadísticas estratégicas, vistas.
Es normal el clima de expectativa por el proceso real de elección del rector, bajo condicioners regladas.
Pero otros, más con alma de piromanos, han tratado de arrojar gasolina sobre la propia historia del alma mater.
Sin tener en cuenta su pasado, el legado, la internacionalización, la investigaicón, extensión e innovación, la calidad acaémica si se quiere discutir, la inteligencia institucional, la población estudiantíl que allí se educa, los recursos informáticos y otra serie de referentes, que parecen que a la hora del inventario no cuentan.
La UTP está en el radar de las mejores y es un prestigio construido. Por sus aulas, han pasado mentes heroicas. Rectores que aman, viven, el claustro así la pelea por dogmas ideológicos, no los aisle sino que los acerque en un diálogo lúcido.
Pero hay quienes detrás del parapeto, quiren “hacer fiesta”. Enredar. Bombardear, el clima de entendimiento dentro de las diferencias normales.
Amén, del desarrollo institucional creciente y de su desarrollo físico sostenible.
Para responder con hechos: las metas y logros a la luz del plan de desarrollo institucional.
De la población inscrita, para iniciar el lectivo 2024, con sus facultades, cursos, con el porcentaje de graduados históricos y por períodos, que la convirtieron en patrimonio de ciudad, de región.
La percepción ciudadana sobre este otro icono de ciudad, es alto.
Por eso, estas palabras, conducen a que no sufra la UTP. Que la cordura y no la rapacidad de unos, brille. No se puede aplicar, aquello, que ahora todo vale, así se sacrifique el campus universitario, entendido como centro de inteligencia y de discución. De humanismo intacto. De fortaleza y herencia inteligente, que no se da en la esquina. Acaso, ¿quieren réquiem por la UTP? ¡Más faltara, hombre!
