
Por ÁLVARO RODRIGUEZ HERNÁNDEZ
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Risaralda conoce bien un espectro manejado con seriedad, a lo largo de estos 58 años, como ha sido el tema ambiental.
Salvo 2 ó 3 peligrosas excepciones, donde convirtieron la entidad en una errática pasarela y en una lluvia de demandas, orquestada con tino político rastrero, la CARDER ha sido bien manejada.
O de un despistado director que jugó a otros altares, descuidando competencias y enterrando funciones.
Cuando no se coloca al servicio torvo que pudre la política de raiz y socava los cimentos de autoridad ambiental.
Antesala de ello, es la maratón ambiental vista por ya casi 4 semanas, en donde lo ambiental, ha estado en la agenda de los planes de desarrollo municipales y departamental.
Las mesas técnicas estructuradas, para su plan de acción cuatrenial, han tenido esa constante y preocupación permanente a claros indicadores, sumadas a otros intereses de la sociedad.
En potenciar, definir con mayor claridad, las acciones e inversiones que se adelantarán en los próximos 4 años, en el área de cada jurisdicción, para administrar y proteger el patrimonio ambiental y el desarrollo sostenible.
El cambio climático, no debe ser la antesala del infierno, para reflexionar en profundidad acerca de lo que acontece. Lo otro, es ir al vacío, conociendo las consecuencias alarmantes que nos esperan.
Hubo participación activa y un compromiso respetuoso de actores diversos, que hicieron brotar excelsas convicciones de actores diversos que que habitan y dinamizan el territorio.
Paralelo a ello, diálogo donde se profundizó en lo social, para recorrer los alcances de lo ambiental traducido en etnias.
Llama la atención sí, la calidad de aportes y sugerencias que – sin lugar a dudas – alimentan con otro tono el aire que respiramos, el agua que tomamos, el clima que perdura en medio de la zozobra, hasta aquellos que deforestan de manera grosera la casa que habitamos.
Tampoco, claro está, puede ser un esfuerzo individual. Tarea responsable para todos, desde quienes señalan y nada hacen, hasta aquellos colectivos que tienen intereses como un pacto por la vida.
Bien, pues, por la CARDER, sus técnicos, por su personal que ha asumido el compromiso en esta travesía por ganarle espacio y territorio, al ambiente entero que deseamos.
