
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Juan Samy Merheg Marún, es un senador ausente de la vida política. De paso por Pereira, desde hace rato. Deambula.
No se le oye una sola propuesta o un solo ruido, para desenterrar su silencio, a este empresario, heredero de la cur ul de Habib e integrante de la Comisión IV.
Poco le parece importar el qué decir o el qué hacer. Da lo mismo. ¡Que Dios nos coja confesados! No responde, no contesta, se le olvidó rendir informes de gestión y hoy pertenece al país del ostracismo que el mismo decretó y construyó en medio de su natural esperpento.
No superó el síndrome de su hermano Habib, en preocuparse en serio por esta Risaralda de sus afectos. Juan Samy, parece un extraterreste que ni siquiera levita.
Es una lástima, que en la mano de ellos – más no de Juliana, valga la aclaración – el histórico conservatismo en Risaralda, integrado por respetables firmas, cayera de bruces. Poco se sostiene en pie. Ni con muletas, iza su caminado. Antes, por el contrario, se debilita sin vergüenza en una fuerte estructura que consolidó y que como un fantasma, bota su capital a los basureros del espectro electoral.
A este Merheg, le quedamos debiendo. No es jefe de nada. De una montonera que electriza. Es el jefe de un amasijo al que nadie consulta. Todas sus derrotas, son de su electorado y no de él que no se fastidia por nada.
Afuera, los deudos son muchos y son menos. Revisen como en todo velorio.
Con este majito querrido, dan ganas de llorar. Evoluciónó en contravía en la política en la que todo hacía presagiar alzaba vuelo, hasta que una congresista intrépida y querida, lo “aterrizó”.
Este conservatismo tiene la cabeza abajo. Tiene cuerpo de derrota.
Sus jefaturas, están escondidas. Parece un vuelo secreto en el que muchos cuchillean, ven por oscuras rendijas de un cascarón viejo y repleto de telerañas, que habitan como en una sociedad secreta.
Ni siquiera tiene viuda este envejecido conservatismo que lució prendas de honradez en el pasado y de una ética suprema. Era una delicia con ese azul encendido que hoy luce opaco y grasiento.
Sabemos, que hoy buscan agruparlo…pero para desatruirlo más y comérselo a ¡dentelladas! A mandibula batiente.
No es extraño, que volverán a recomponer viejos directorios con comités de aplausos y estrellas fugaces de la urdimbre electoral.
Al conservatismo, lo han querido sepultar desde adentro, por sus propias felonías. Es que esos mismos deudos, miran de reojo y saben donde está la contumacia. Pero nada hacen para desterrarla sino que siguen aferrados al viscoso pantano con el que tienen sucias sus botas.
Huele maluco y por eso arrojan a ciertas vestimentas, todo tipo de perfumes, para exorcizarlo. La gente pregunta por el dueño del cementerio que no aparece. ¿Dónde está Juan Samy?
