
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
-La culpa fue de la vaca, del libro a la realidad
-No se sabe quien pagará la cuenta por los daños
Olvidando el viejo refrán que vaca vieja no olvida portillo, este se repitió en Apía.
Otros, como el reportero gráfico, Álvaro Camacho, fijaron un titular para lo acontecido, al enterarse de la “embestida” a la bien cuidada sala de belleza: ¡La culpa fue de la vaca!
Los hechos se presentaron a plena luz del día, en esta población del cafetero departamento del Risaralda, cuando un toro, “sin pedir permiso” decidió ingresar de manera intempestiva a una sala de bella en la reconocida y céntrica calle Matecaña.
Otro toro siguió sus andanzas y después de causar daños en su interior, no logró “embestir” a su asustado dueño, que buscó refugio en el centro estético.
IRONÍA MACONDIANA
El hecho que causó pánico pero fina ironía por lo pintoresco del hecho como una pincelada o postal de Macondo, permitió que un tercer animal en escena, una vaca, ingresara a la sala de belleza.
Eso permitió que detrás de la vaca que fue enlazada, salieran sus otros 2 contertulios: dos asustados toros que bajo una dura mansedumbre, fueron amarrados de sus cachos y conducidos al lugar del que nunca debieron haber salido para “tan costosos servicios de maquillaje” de los ejemplares…pero humanos. No hubo necesidad de intervención por parte de las autoridades por la presencia de los intrusos. ¡Se salieron por las buenas!
Los habitantes de Apía, comentaron con humor y sarcasmo el macondiano suceso, que a la par con otros harán parte de las acostumbras tertulias cafetera, plataneras y de duendes sueltos…
No hubo necesidad de “hacer vaca” para tan extraños e inoportunos visitantes…

Pero sin embargo, en el ambiente, quedó flotando la pregunta: ¿quién pagará los daños… o la cue
https://www.facebook.com/share/p/x5gjG6JCWxmUw/?MIBEXTID=WCe7FNe
