El Progresismo Liberal

Por Álvaro Rodríguez Hernández

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No sabe uno y no termina de entender el papel sinuoso, enfermizo, que dirigentes nacionales del partido liberal, han usurpado.

Se han ido por la trastienda y las batallas las han dado al galope.

Un partido llevado al corral, para vociferar y alterar su esencia, pero desde afuera. Con sus turbulencias de las que quieren sacar tajada.

 Adentro, han sido perdedores elásticos movidos por rabias que no esconden. Con argucias y al remolque como quien lleva las monedas en alforjas secretas,    al peor postor.

La decisión rabiosa y biliosa, con epítetos que rayan con la ley, enseñaron otro capítulo más de los piratas de tierra que tiene el liberalismo.

Van y vienen. Canjean, suben y bajan, lanzan guijarros desde afuera. Ahora, retornan coqueteándole al oficialismo para ir de nuevo ¡a la carga!  Sí, pero de sus surtidos y agalludos intereses.

No solo por ventanilla siniestra,  le cobran al Presidente, César Gaviria, al que vituperan cargados de un odio letal y venenoso. Querían alzar el trofeo y mostrarlo como escarnio sin ver la viga en el talante que promueven con una simpatía vulgar. De estrépito.  

Se les olvidó, que merodean sin sindéresis alguna protegiendo cuerpos extraños a la enfermedad que se apodera de la democracia. Se les conoce hasta en el caminado ponzoñoso.

No pudieron llegar a tomarse la convención roja sino que – como intrusos en alta mar – querían el barco rojo. ¡Se cansaron de Petro! O, era un mensaje de un libreto probado y gastado que retoman para el nuevo asalto.

Lo he dicho y lo repito que existe más partido que dirigencia. En ese inventario, vale evaluar el papel escaso en el recorrido por calles y ciudades, dónde está el papel de los Congresistas. De los capitanes menores como diputados y concejales, metidos en comodines y mermelada y como los otros, más preocupados por sus intereses que por devolver confianza y credibilidad al legado social que izaron, pero que no defienden sino que lo sueltan como el ancla al mar.

Cualquiera no se puede graduar de dirigente y capitán, empeñando sus ascensos. Sus metales sin aleaciones extrañas o cargado a quienes son sus  sepultureros desde sus orillas.

 Descalificando a quienes lo han erguido y llenándolo de sepulcros en un liberalismo constructor de pasado. Muchos lo hacen viendo un liberalismo a la deriva pero otros con un revanchismo enfermizo que no superan. Van por la valija y el negocio como quienes mueven ahora un civismo lucrativo cuando las ciudad les conviene.

Falta sí, una reingeniería que sopese lo actuado llamando al orden, pero no destruyendo a quienes quieren trasteo o alquilar el vecindario rojo.

Sabemos, pues, que otra responsabilidad tiene el Presidente César Gaviria y es conducir a sumar escaños al Congreso, revitalizándolo en un año electoral cargado de esperanza, para el país que en coro busca centro. Liberalismo, sí, proclaman no con los subidos al velero a. última hora, sino quienes quieren desvalijarlo estrujando a sus capitanes.

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