
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Hemos visto gente de los sectores público y privado, amacizados con la corruptela, dejando al ciudadano inerme, sin medicamentos y sin salud.
Las largas filas de gente enferma en las ciudades de Colombia, Pereira no es la excepción y Risaralda tampoco, son claves del descalabro y el fracaso como Estado.
Se bajan avisos de centros o dispensarios y se cambian por funerarias.
Colombia, no reacciona. El gobierno no reacciona sino que enferma con llamados huecos y blandos. Mucho menos actúa.
Ya ni códigos somos, sino digitos de muerte encubiertos. Ilícitos.
Las citas no llegan, los especialistas se pierden entre las gavetas de escritorios ladrones, entre tanto que la medicina ya ni selectiva es sino que tiene fecha de vencimiento como quienes hacen asquerosos negocios y llenan el camino de intermediarios para tener respuestas clandestinas. Vacías.
Miserables, también, cierta casta política nacional alcahueta, amacizada con quienes trafican con la salud. Los que dejan en entredicho la vida y la atacan para salvar divisas que están en el extranjero o que duermen en bolsillos de “gente bien”, que se lucra con los indicadores de muerte que se resbalan entre estadísticas fallidas.
Vamos a la pira. Con partidas de defunción declaradas entre silencios cómplices del Estado ladrón. De la cacocracia envalentonada y de los traficantes de vida.
De órganos de control, muchos de ellos parásitos, y sin guardar distancia de lo que acontece. Silenciados por la realidad y aplastados por la venenosa desidia.
Cada vez hay menos salud y más órdenes de muerte. De asesinato.
Deambulan por calles y carreras en silencios de muerte. Letal anuncio que se multiplica en el negocio en que vivir es una cifra que se retuerce en los resquicios de Reformas que se anuncian pero que no tiene soluciones inmediatas en el canje abierto.
Asistímos, como sociedad al fracaso torpe. Ciego.
Al compadrazgo de permuta y al trueque como en un casino.
Hemos visto viejos mendigando salud. Señoras de caminar cansino mezclados con jóvenes y niños en el tenebroso cartel de la parca que se acerca cruel, para avasallar la vida, con un Estado cínico. ¡Miserables!
