Caridad y Esperanza

Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

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Vivímos un camino cuaresmal preparatorio de reflexión en el que exigimos, de qué nos podemos arrepentir, en un transformarse que buscamos en una ruta de Fe, que prendemos en tiempos de conversión y de renovación espiritual, que buscamos.

A la que salímos como un encuentro en tiempos de un permanente ir o generar confianza con Dios.

Ello, presto en un peregrinar, donde el servicio es desprendimiento y reconciliación, en una forma de conectarnos con una oración limpía, no interesada, en un ir porfundo y honesto.

En una espiritualidad convertida y útil que no se saca por instantes sino que profundiza estado pleno de conciencia y de amor.

En las múltiples llamadas que se presentan y las abandonamos en un ir común. En un ir para saber ser “peregrinos de la esperanza”.

Escribo, evocando muchas Semanas Santas, y reiterando el paso de pecadores por el momento polémico suscitado en alcanzar estados de alma, derivados del vetusto viacrucis, como Centro de Fé.

“Si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos”.

En saber ser “artesanos de una unidad”, como lo recalca el Santa Padre.

La discución real planteada, entre vida y muerte, entre los resquicios de la fragilidad humana de varias entidades insertadas en el tema, provocan, tambien un caminar sereno. Sin correr el velo del miedo o la tosudez o ausencia de serenidad para reconocer las veleidades humanas a las que nos apegamos sin analizar la brillante realidad que aparece.

“Caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia”, como reflexión limpia y dura.

Entre la herencia  de los que muchos tienen y en el   rostro confundido de una pobreza  que no admite renuncias.

Ambos, no se resignan a encontrar camino juntos. Imposible, no viajar  “sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos”.

Saber “caminar junos en la esperanza”,  como bien lo quiere el Santo Padre Francisco.

Que esta semana, instale en nuestros corazones una Oración limpia que oxigene el recorrido como peregrinos transitorios de la vida. Caridad y esperanza en tiempo de Fé y mucha oración.

alvarocomunicaciones@yahoo.com

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