
Por ÁLVARO RODRIGUEZ HERNÁNDEZ
Si algo requiere Colombia hoy, es un Congreso digno.
Que responda al pueblo y se aparte de intereses engavetados, empaquetados en papel regalo y direccionen destrucción.
Insistímos: un Congreso , Cámara y Senado, que no infecte la Constitución, cambándola al ´estilo de sus medidas´.
La crisis del país es la crisis de un Congreso imperfecto, que no oye las voces ciudadanas y suma errores por encargo.
Colombia no puede seguir postrada a la voluntad de un Congreso que no esablezca parámetros de contrapesos, para poder discernir los decretazos servidos en contravía del ciudadano, que reclama principios y no ética envenenada.
La proliferación de partidos son un enseñanza que mezcló el orden electoral. Pérdidas de ideologías, vemos liderazgos sueltos, insulsos, que no avanzan sino que se destruyen en falsos altares democráticos.
No requerímos partidos que como carpas de circo, se instalan y se desarman, al vaivén del bazar electoral o al paso de la gente que vota pero no mide consecuencias. El importaculismo.
Ya los estamos viendo con la pasión democratera regada. Parecen guías turísticos, muchos de ellos, como lo describió un Representante liberal de la región, que solo mueven los labios para repetirse en lugares comunes o brincarse el límite moral, prometiendo humo y vanagloriándose, muchos de ellos, en ruidosos estadios de poder.
Maluquera da, conocer que entran unos y salen otros con desgaste calculados. Que contados concurren al ritual del poder para llevarlo al altar de la dignidad y las buenas costumbres.
Hemos vistos pasar a lo largo de estos años, compatriotas con credenciales, pero en la que muchos de ellos, tienen déficit de lealtad para con la región. Con déficit de presencia.
Llegará el día en que el pueblo se pronuncie y castigue. Que los avasalle en urnas si esa responsabilidad es corta y miope.
Colombia, requiere un Congreso digno. De lealtad con Colombia y no uno extravagante y lleno de ególatras mayores. Hora de mirar hojas de vida y lealtades, trabajo y más trabajo con cargo a la gente.
Hora de colocar límites y alzar el voto consciente y digno.
Risaralda merece a los mejores: ¡Vote. ¡Por un Congreso Digno!
