
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Claro que hay molestia por la forma como el nuevo director de COMFAMILIAR, entró a arreglar la casa. ¡Pero para bien!No para aquellos que van con la campana repartiendo ruido. Instalando humo para nutrir intereses fallidos.
Que ven o insinuan con dolor que es de poca monta diagnosticarla con un plan estratégico y con una visión como corresponde a los tiempos de hoy.
A tocar y pisar callos como es normal. ¡Claro que duele!El escapelo ha recorrido el cuerpo administrativo, financiero, la planeación y la estrategia, la salud, lo educativo, para enfrentar a los tiempos de hoy.
No son suficientes ya, que el comité intergremial, fuerzas sociales de la región, se sumen a defender esta causa.
Hay que engrandecer lo administrativo con firmeza. Pero para bien de una entidad anclada a la historia social del Risaralda.
No en vano, desde angulos políticos dispersos y de cierta glotonería empresarial, le han tenido ganas. Ni qué decir de sospechosas actitudes venidas desde el gobierno nacional que parece intimidar planes o postrar lo colectivo.
Su caminar ahora son con propuestas analizadas y estudiadas. Con realidad financiera y administrativa.Ni qué decir a ello, de ciertos consejeros perpetuos, que poco contribuyen a que la anestesia calme el dolor del paciente en el quirófano y quieran mirar para los lados.COMFAMILIAR es de los risaraldenses y pocos lo quieren entender.
Desde trincheras dispersas se acercan para enlodar. Para hacer creer que la institución no avanza por la suerte o marrulla de unos pocos enquistados en sus entrañas, que temen perder privilegios.COMFAMILIAR no es patrimonio del mal gobierno o de ciertas élites sindicales, patronales, empresariales, que se han instalado peligrosamente en el confort.
Basta ya de interferir la nueva visión con la que sorpredió de manera grata su nuevo director, creando gerencia y enrutando la entidad.
No hay que confundir o desorientar. COMFAMILIAR no es patrimonio que se pueda enlodar dentro de un alboroto insano en el que quiere haber ganancia de pescadores.
La atarraya, la pueden ir guardando ciertos depredadores que quieren, precisamente, pescar en río revuelto. COMFAMILIAR siempre será más grande que sus torcidas y bárbaras intenciones.
