
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Hay nombres perfectos de la Colombia trabajadora, empresarial, diferentes perfiles en la búsqueda de la cúspide política que han puesto sus nombres, a consideración del elector.
Igual acontece en nuestro departamento: debemos superar lo que se eligió en el pasado.
Pertenezco a la tesis que hay que elegir un Congreso decente, alejado de acuerdos por debajo y encima de la mesa, sin que exista una respuesta responsable hacia el sufragante.
Mucho menos por quienes una vez elegidos, sufren de repentina y rigurosa amnesia y votan contra el propio ciudadano o por quienes canjean votos por prebendas.
Elijamos ejecutivos de la política. Que les guste trabajar y gestionar. Que amen al ciudadano. Al territorio. Una Cámara con corazón. Mirarlo con altivez sin pensar en defraudarlos.
Soy de la tesis: que hay que esculcar el alma de la Risaralda huérfana de poder por el desamparo de quienes dijeron nos representarían en el Senado, pero terminaron convertidos en fiasco. Tan es así que no volverán.
Apelo a igual molde para elegir 4 Representantes idóneos.
Hay 36 que aparecerán. Hay gente trabajadora que no va a roncar. Dos de ellos buscan repetirse y será la gente que decida en urnas quien sí y quien no.
De la lista en exposición o en la pasarela electoral impresa (tarjeta electoral) hay 8 nombres de la región, varios de ellos que merecen llegar al Senado.
Lo otro es colocar lupa. Revisar quien hará la tarea y no el hazmerreir. Hombre o mujer, para que Risaralda esté bien representada. No podemos delegar esta responsabilidad.
Risaralda es una porción mirada como minoría electoral. Un voto por una democracia representativa, que actúe y delibere.
Elijamos a quienes han construído y conocen el territorio.
Cuya trayectoria sumada a voces sociales, nutran el alma de una Risaralda posible, pensada y transformada.
¡Por una Risaralda en grande!
