Desde las Mujeres al Poder de la Soledad, en 100 años de Gabo

Por Álvaro Rodríguez Hernández

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¡Siempre Gabo!

El Instituto de Cultura de Pereira, permitió en una velada extensa a modo de conversación, el Mundo según Gabriel García Márquez.

La vorágine de s

u obra extendida por el orbe.

Tertulia para endulzar el sueño de un grande. De un Gabo eterno. Que cada día reaparece entre las voces que no apaga el tiempo.

Los 100 años en el Caribe, la poesía que le corrió, su música,  las rupturas en el tiempo entre la mezcla del poder y las dictaduras.  El periodista y su búsqueda en el cine. La cumbre del Nobel en 1982. Su realismo mágico atravesado por un pueblo imaginario – real de Macondo. Sus exilios librados por la presencia estancada, como agua podrida, del poder.

Pasando por los animales que lo habitaron, las flores, el cine y la música con la que se sentaba a escribir bajo el encanto de Los Beatles, el Vallenato a ritmo de Escalona, leandro Diaz,  Juancho Polo Valencia y Alejo Durán. Hasta la voz fuerte, dura, templada de Toña La negra.

Un evento donde se escucharon las voces a instancias de Jhon Carvajal, Amparo Bustamante, Fernando Ruiz, Amelia Hincapié, el pintor y abogado Bernardo Arcila, el poeta Leicester Trejos… y de dos personas más que dieron pistas entre la música y las flores que habitaron su vida…

 LA MUJER

En la vida creadora de las Amarantas, ürsula Iguarán, Manuelita Sanz, Sierva María de Todos los Santos, Ángela Vicaria… la presencia de ellas a loi largo de sus páginas como en El Coronel no tiene quien le escriba..las mujeres en el escudo del poder.

El poder dominante, su prencia recia, fuerte.

Hasta el García Márquez, como narrador grande, no estudiado en sus rastros poéticos. En su poesía.

Hasta sus exclamaciones reclamo por los imperios brotados de la tierra, en donde “ nos quitaron todo, nos lo dejaron todo”.

Fue sensible, un pintor a través de las palabras, expresó Leicester Trejos. La soledad de América Latina. Del Estado, extraviado en los repliegues de la burocracia (con la pensión que nunca llegó)  y en un realismo mágico entre lo que es real y controversia cifrado en Asturias o Carpentier.

O, de aquella soledad del alma, al “estar sentado con una dama  al lado de una persona que no se ama”.

El Gabo en un pietaje de cinta en el celuloide, poco conocido. Que incursionó con el arte del cine, una gran pasión que corrió por sus venas… y que bien relató José Fernando Ruiz.

Las flores en su obra que calan: azucenas, rosas,  lirios,  amapolas,  helechos, oréganos begonias,  hasta conformar – como deliciosamente se comentó en esa noche alumbrada: hasta conformar una “silleta literaria”. 

O, en las peleas de gallos como una ansiedad por redimir el pueblo en la búsqueda de libertad y que lo hiciera escribir que la vida es la mejor cosa  que se ha podido inventar, como un aviso clavado en su viejo  y polvoriento AracatACA..

En fin, haciendo un simil con el músico: este no era el bigote que contaba, es Gabriel García, el hijo de Aracataca, como el Bigote que escribe.

El Instituto de Cultura, recogió un clamor que se siente y no se aisla: ¡Gabo por siempre!

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