
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Una vez surtido el panorama político para la primera vuelta presidencial, no hay espacio para que un centro ambiguo, rebote o estalle lo que se refrendó en las parlamentarias.
Un voto determinante. Ciudadano, como golpe seco.
Volverán recargadas las encuestas. Aparecerán cifras esparcidas con falsos indicadores surgidos de la imaginación de quienes invitan al desespero electoral. Para ello hay 14 binomios jugando a la política, pero pocos anclados en Estado.
Nos llevarán por caminos cortos para emboscar, por parte de aquellos que no les gusta sacudir el voto o analizarlo. Tan siquiera se toman el trabajo del análisis ellos que son felices cumpliendo metamorfosis engañosas. Creándolas y vendiéndolas.
Buscan con las encuestas suplantar o eludir la sentencia ciudadana.
De allí, que no solo es peligroso el paisaje servido como coctel costoso sino que, día a día, el embudo se estrechará. Los magos con cifras incidirán sobre el elector emocional. Otros, no bajan el miedo o la rabia. Les gusta el incendio. La anarquía para reventar un voto libre. Caóticos por naturaleza. Como peldañ para escalar desde sus ególatras posiciones
Ojalá, el ciudadano cumpla con ir a la urnas. Que bajo su responsabilidad social, seleccione y vote. No necesitamos tatuarlo para generar confianza o virtud, por una institucionalidad que funcione y no deje dudas o humo.
Las preocupaciones no se toman sin ir a urna. Antes por el contrario, es un voto ciudadano desamarrado.Sin ataduras o bañado por precio.
No caben variables dudosas a la hora de establecer radar para votar.
Colombia necesita un bálsamo sin espacio muerto en la democracia. Tampoco, generación de pánico, para crear incertidumbre en el remedo de democracia sin blindar el triunfo.
Necesitamos un ciudadano orgulloso y no suplantado.
Que no temine al bordo del colapso o como en un bazar, jugado a la ruleta sin misión posible de país.
La democracia respira y no será el esquivo ciudadano quien sea sepulturero de sus propios intereses. A eso invitamos.
