2023: entre marrullas y lo mismo

POR ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Todavía no hay campaña. Apenas, en ese cruce de argumentaciones tóxicas derivadas de la famosa “reforma a la política”, que pupitrean en el Congreso, seguirán entregando a cuenta gotas las medidas tipo sastre para beneficiar a unos y perjudicar a otros.

Hoy los partidos con coherencia no existen en la democracia imperfecta que siempre confeccionamos.

“Hay mucho adjetivo calificativo”, arguye de forma grosera, el titular del Ministerio del Interior, al justificar la politiquería de la cual no es ajeno.

Katherine Miranda es más realista: este gobierno está acabando con las minorías. Pero, alguien más fue más certero: esta reforma no acabará la corrupción electoral, tampoco promoverá nuevos liderazgos y mantendrá lo que odiamos de la política.

El país se mal acostumbró al remolino electoral donde todo lo barajan para quedar en los mismo o peor.

El ejemplo más reciente, de nuevo, el Congreso. Se habla de un zoológico con muerte de caballo y uno que otro lagarto, tendido entre los resquicios del recinto, en huida directa.

Las orejas del lobo siguen viéndose. Nada y nadie las oculta. Es volver al pasado, como lo describió, la Representante Verde, Carolina Giraldo.

” Nos están metiendo un mico en la conciliación de la reforma política. Esto es absolutamente indignante y no se puede votar. Estaríamos legislando en nombre propio. Esto nunca lo habíamos visto en el Congreso”.

No es extraño que cuando los partidos buscan cruces para ganar, pero no para gobernar y muchos menos, para hacer un ejercicio serio del poder, está abierta varias posibilidades:

-Que los congresistas vayan al gobierno. Del presidencialismo excesivo, al trueque de ciertos Honorables. Arrastran las inhabilidades que fluyen en la Constitución.

Otros lo llamarán para la galería como “acuerdos de gobernabilidad” que no es nada distinto que la rica mermelada esparcida en la tostada burocrática.
-Se eliminó la limitación de periodos en cuerpos colegiados

-En el camino, se resbalaron y se dieron duro con el artículo que elimina de tajo, las facultades de la Procuraduría, para “afectar los derechos políticos de elegidos por voto popular”.

-Se reafirma senadores de 30 años. No de 25 como se quería. Para la Cámara, 25.

Así mismo, la plenaria de la Cámara avaló el que es llamado el corazón del proyecto: las listas cerradas, que serán paritarias y en alternancia.

-Otro venenito envuelto en algodón: las listas cerradas, serán paritarias y en alternancia. Otro articulito que busca atornillar a los primeros, como se denunció.

Es más: “la posibilidad de que los miembros de un partido se pasen a otro sin ser sancionados por una sola vez desde la entrada en vigencia de la ley”.

-Una joya más en esa arquitectura electoral: cambio de partido sin sanción. Prostíbulo político abierto y con bar incluido. El transfuguismo para el desafuero electoral y para cotizar el voto.

-Se hundió el voto obligatorio. Vamos, entre ¡marrullas y lo mismo!

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