POR ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Al duro y real informe de la Contraloría General de la República – aún no controvertido por entidad oficial alguna- los Juegos Deportivos Nacional y Paranacionales, tienen partida de defunción. Es mas, nacieron muertos.
¡El telón está abajo!
No hay pronunciamiento alguno de los gobernadores y alcaldes, en línea. Cada quien, en silencio, expresando, cómo les ha ido en la procesión. De manera aislada. Defendiendo su parcela.
El cementerio real es el eje cafetero y el residual, es el del Valle.
Una mujer funge hoy como sepulturera: la Ministra del Deporte, creado en el 2019, la gran María Isabel Urrutia Ocoró. La deportista insignia, emblemática, que sumó más de 40 medallas en competencias internacionales, no ha sido la gran lideresa del proceso.
Nos acordamos de ella por su hazaña: la primera medalla de oro en Juegos Olimpicos.
Se van los Juegos para el Valle, ¿mira, ve? ¡Oigan a mi tío!
El presidente, Gustavo Petro, dos veces con recorridos suspendidos por alarma de atentados y una ciudad centro derecha que le resbaló en las urnas, debe una explicación clara, sobre si los Juegos van.
Dirán ahora que es herencia- vista por el retrovisor – del gobierno uribista. Los congresistas del Risaralda, no modulan. Perdieron el habla y se entienden con señales de humo.
Por el momento, el silencio de su gobierno y de la exrepresentante Urrutia, deja múltiples dudas.
El deporte, desde la base de la educación física, no ha sido su fuerte.
Excepción de lugares comunes expuestos en la campaña para la presidencia, es ausente en cuanto al fortalecimiento del Sistema Nacional del Deporte. Puros enunciados, pero muy poco en la práctica.
No se ve la movilización, por el derecho al deporte, que pregonó. Cuentazo, también, ese “el de democratizar el acceso a toda la población de manera directa por intermedio de los sistemas de salud, educación, cultura, articulados al propio Sistema Nacional del Deporte, con programas integrales”.
La salida – renuncia de sus máximos directivos y el prolongado silencio esparcido, es otra voz de desconfianza.
Nadie niega la inteligencia del presidente Petro. Pero sí, asusta, la falta de carácter y lo disperso en su accionar con las justas.
No ha existido una interacción social sino restricciones no explicadas.
Salvo, las conocidas en el duro informe de la Contraloría General, que en vez de preocupar, no parece mortificar a quienes están en la procesión derretidos con el ropaje de deportistas.
No creemos, sería mucho pensar, que el presidente Petro, es el atravesado. ¿Petro el atravesado? ¿A qué horas? ¡El telón está abajo!
