
Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
Petro es un presidente de titulares.
El Gustavo Francisco Petro Urrego, es un “tanque de guerra”.
Lo que ocurrió esta semana es para enmarcar: avance con ELN, aparecen los niños de la selva -ahora sí le vuelven los ojos al sur – y el remate de película con un asesinato, que seguirá “metiendo miedo”.
Muchos sabemos, no se nos puede olvidar, que, en el inventario, se recibió un país con un desorden verbal y polarizado. La herencia del CD, para hablarlo claro. Colombia, era una sola voz. Sabía uno a qué atenerse.
Pero lo de hoy, alcanza brillo que deja reguero de tinta y sin adjetivos, a quienes le siguen la pista a este “país loco”. ¡Locolombia!
Las reacciones de la mal llamada “oposición” – hay otra que come dulce por la mañana y por la tarde y vota en el Congreso- a sus discursos, agotan espacio en los medios de comunicación. El país está incendiado.
Muchos se enfurecen al calor de “quienes quieren jugar a la revolución” hasta quienes sacan el espejo retrovisor, para ver la viga en el ojo ajeno.
Hay comparativos que no salen, pero que asustan.
Petro construyó una imagen con base en el trabajo en el senado. Logró destacarse con temas sensibles al frotar la lámpara de un país oscuro y rabioso. Pocos asoman las narices, por lo que fue su mando en Bogotá, cuando el crecimiento de la llamada izquierda, copó y densificó la capital. Bogotá es de todos y lo entendió, para alimentar la ballena.
Pero, hay quienes se preguntan, cuando todavía no arrancan las elecciones, si este modelo y el clan de los partidos de la juntanza, afectará las elecciones. Sus resultados, digo.
Pienso que arrasará con quien no tenga trabajo político y sume escasez de respaldo ciudadano. El que vegete en la anarquía y el caos del que disfrutan. Parece que las urnas les oliera maluco.
Veo, por ahí, una derecha y otra ultra, no centro, frotándose las manos cuando sabemos que el péndulo se movió y dejó un imaginario con un déficit, un acumulado nefasto. Como si la cosa no fuera con ellos. Eso, es cierto, creói más desconcierto. ¿Para dónde nos vamos? ¿Qué camino coger, cuando el agua se agota en el desierto?
Petro quiere pueblo. Petro, quiere apoyo ciudadano, un balcón mas grande y un “palacio” menos frío ante la “jauría de privilegiados”#.
A todas esta, el nuevo policial que fue atacado y se debate entre la vida y la muerte, pareciese hoy, también como ayer, no interesarle a nadie.
Todos “disparan” como si fuese una “declaración de guerra” – que muchos etiquetan – que nadie compra, pero nos quieren vender a plazos y desagradables cuotas de sangre.
Otros, me incluyo, queremos un país construído, para todos. Que sea Colombia, una potencia mundial de la vida y no de la muerte.
Vendrá otro titular: ¡ojalá de esperanza!alvarocomunicaciones@yahoo.com
