
Por ALVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
La impronta, su sello de calidad y personal, le han dado un aire a Risaralda, a lo largo de muchos años.
Lo han hecho con amor a la tierra, a su gente y al desarrollo que va y viene sin poses.
El historial de ambos, es para pasear. Para dejar como testimonio a una hoja de servicios brillante.
Ambos abogados, dejan un ADN de servicio alto, que hoy están ausentes de una Pereira y una región, que grita por nuevos liderazgos. No de esos que divagan entre sus extravagancias finas y perfumadas, sino que se hacen con el brillo y el porte de inteligencia. De una sabiduría que escasea en el mercado.
Para la doctora Victoria Eugenio Echeverry y para el doctor Jaime Cortés Diaz, de esa escasez que brilla hoy, nuestros reconocimientos plenos. Ellos han dado orientación a la región. Ellos, han sabido destinar con su ejemplo y bondad, muchas Maestrías en favor de Risaralda. Doctorados en lealtad a una herencia que forjaron y quieren. Que es bastión
El comercio creció y la ciudad vio desde altas y nobles cumbres fabricadas con dedicación que hoy se extraña, la labor de unos ejecutivos de acero, en pedestales que no se tocan sino que se elogian y sirven de posta, de testimonio.
En buena hora, el alcalde Ramos, se acuerda de ella.
Gratitud para con ellos. Cuando se funde este 2023, más se añora el garbo de su actuar. Hombres y mujeres con un rutilar enmarcado. Lustroso.
FENALCO, vió crecer a Victoria Eugenia, entre unos pliegues maravillosos de otros tiempos y otros liderazgos. Como la ciudad y Colombia, sirvieron de plataforma a Cortés Díaz, en ese tiempo tallado de prestigio. De honor. De un deleite excelso contagioso, generoso y abundante como muchos liderazgos erguidos que hoy se aplauden recordando otros instantes.
En el Intergremial fue faro en medio de la tiniebla.
Está en mora la ciudad, Risaralda, de devolver en el tiempo, los muchos aportes que realizaron a la comunidad.
Hoy no existen matices para bautizar liderazgos altivos. Que, como dije, “les falta combustible” para encauzar los fantasmas de un empresariado cercano a las realidades que encontramos.
Lo bueno merece multiplicarse.
A ellos, mil gracias.
