Clientelas sueltas

Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

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Esta semana será decisiva para consolidar la almendra política nacional.

Para dictar cátedra desde la institucionalidad perdida de estas agencias desprestigiadas que van en contravía del ciudadano y que deben ser sometidas, con láser, a una alta dosis de colágeno político.

Bogotá será epicentro del armazón, del rompecabezas electoral debido al cierre de fronteras y a la toma de decisiones precipitadas por los tiempos que tiene la política.

Insisto: menos selfies, más política.

El ciudadano no ve a los partidos porque se alejaron de sus doctrinas extraviadas y del ego floreciente de concejales y diputados que – muchos de ellos – se creyeron más reyezuelos que  muchos alcaldes y gobernadores vía voto popular.  La descentralización de la corrupción que llegó con muchos de ellos en el parapeto de directorios, señalando reinados cortos y peligrosos.

Van por lo de ellos abandonando al electorado. A la feligresía política. Distanciándose y asaltando con rupturas, cualquier asomo de lealtad electoral. Por eso cada vez menos partidos y sometidos a pérdida de confianza.

Por eso es consistente pedir unos mínimos de prioridades para quienes entran desde el senado y la Cámara por Risaralda, a que digan la prospectiva desde sus pupitres o parapetos políticos.

Bueno es considerar, también, que el punto de partida para quienes corren a apuntalar procesos políticos para gobernación y alcaldía están MFT ( mixionando  fuera del tiesto) 

Una cosa es con Cepeda Presidente o Paloma -El Tigre, en el partidor definiendo y otra  – muy diferente –  arreglando alianzas caídas al vacío o derrotas ,antes de dictar sentencia en urnas.

No hay partidos sino clientelas sueltas. Un pueblo estrujado, sudado y otro que prefiere seguir los hechos de lejos esperando que les hagan la política.

Por eso, insisto, el mapa electoral, queda definido esta semana.

A la que no le bastan arreglos o componendas sino posiciones reales. Un compromiso ético con el voto. Con un voto responsable y no ocioso o de mercado que todavía sigue amarrado. ¡Hay que liberarlo!

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