¿Quién manda en Dosquebradas?

Por Álvaro Rodríguez Hernández

www.ejeinforma.com.co

Quien ganó las elecciones para el cargo, mantiene una constante de gobierno inconsistente. De anarquía y caos administrativo.

No se si le renuncian o es dado a pedir renuncias por la terquedad que habita en el mandatario.

Pero es que él solo se oye. Admite a quienes desde afuera, solo buscan enfermizos laberintos. Cerca de él un séquito de aduladores que no respetan la grandeza de un territorio de la importancia y categoría de Dosquebradas.

Nunca se le ve estableciendo responsabilidades mayores, sino al vaivén de las horas. A lo que caiga y eso dice mucho de quien gobierna.

No le hablan, le bostezan. Lo desaconsejan con una inutilidad perversa y gira cuando el timón va a velocidad sin definir rumbo. De eso está lleno en sus pasillos, de aúlicos.

Poco se le ha visto desde el pupitre y ni modo de decir que ejerce desde el territorio porque incumple citas con una facilidad que le resta autoridad, seriedad al poder y a la dignidad del cargo. Un alejamiento evasivo.

No se le ve superando con decoro, con compostura, la jerarquía que el ciudadano le encomendó en urnas.

No es fácil torear vacas o arrearlas.

Se va a ir y lo van a recordar por sus vacíos. Por la privacidad de su gestión y la ausencia de grandes proyectos que están en la tinta, con recursos en fuga.

Basta con recordarle la anunciada Plaza Mayor, el estadio  que es otro autogol.

Es sino revisar el cambio repetido de fusibles o funcionarios que chocan con la forma en el que el mandatario que describió antes de asumir responsabilidad como “un territorio de nadie”, hoy eluda el diálogo directo, franco, por más que haga esfuerzos por mostrar lo contrario.

Vacantes que podrían apuntar para caudrar  la desquiciada caja para el Congreso, donde mucho perdió y que, de seguro, no le alcanzará para dejar heredero.  Una regadera.

El Alcalde mantiene una actitud poco responsable y seria, para el abordaje de temas que darían más claridad a su jerarquía en el mando.

Pero le interesan otras cosas y no responde por aspectos inscritos en su plan de desarrollo.

No puede pasar el mandatario obstinado con ser un recreacionista, un hacedor de ferias ganaderas, eludir la responsabilidad real de ejercer la seguridad que tanto reclama el ciudadano, sin definir temas concretos del programa de gobierno: cuál ha sido el impacto, las inversiones, cobertura.

Hay tiempo para que el poder lo convenza en lo que resta de su gobierno y no termine creyendo que el Dosquebradas que usted dice que ama tanto, termine, en verdad siendo una tierra de nadie. Corrija que eso le hace bien. ¡Escuche! De verdad, ¿quién manda en Dosquebradas?

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