De la lógica del cemento al pago de electoreros

Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

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Un reporte electoral, deja historias, en la parroquia política.

Una bitácora para el tendido banderizo.

Cada elección pulsa el electorado y sus necesidades.

Las elecciones con el voto en urna por intermedio de la papeleta y el dedo untado de tinta, se salía a votar. Luego vino la tarjeta electoral que permite rayar los nominados en ese baloto electoral que se juega cada 4 años en Colombia. Los referidos o mariscales que acosaban al centímetro con planilla en mano, para “reclutar” seguidores para la causa en juego.

TAMALES Y LECHONA

Más claro: de la lógica de los tamales y la exquisita lechona se pasó a un surtido de electoreros y si son 3 ó 4 por familia, listo!

De las gafas con ópticas definidas y que  hacian su agosto y que se  repartían a porrillo,  aprovechando la visión corta del electorado, vinieron las cajas de dientes para atender una población destentada ( prótesis dental  ) , luego llegaron los minutos  para celulares, la celebración en grupo o individual a las mayores de connotados líderes hasta vestidos y celebraciones para primeras comuniones grupales.

Se entregaba  lo de moda: beeperes, se contrataban  carros, buses, busetas, microbuses para el día de las elecciones dañando el negocio a los públicos. Era más una estrategia de cerrar el espacio de quien había que “sacar a votar” y dejar otros partidos sin opción de movilizar a sus parciales.

En ningún organigrama electoral podía falta el coordinador de transporte. Esencial. Vital. Igual e importante: que los líderes claves no se fueran a quedar sin almuerzo.

Por eso no es extraño el escaso recurso para el amuerzo o el simulado refrigerio: ya no les da hambre sino Simón Bolívar (¡billete!)

HIDRATACIÓN ELECTORAL

La “hidratación” electoral para el impulso o el trabajo de esquina o de los directorios que funcionaban.

Había  organizadores de caudros y no podía faltar la capacitación electoral. Maricales o  jefes de sector.

En público, en esa capacitaciones de sueño y pánico, se raya la cara casi que con venganza. Otras dan alegría conforme se haya manejado “con el barrio, la comuna o el corregimiento”.

ELECCIONES DEL CHERRINOL

También existieron las elecciones de las tortas o el ponqué ramo. El más favorecido podía contar con mínimo una botella de vino  para “endulzar” el paladar político. ¡Si era con galletitas dulces, mucho mejor!

No podían estar ausente las celebraciónes masivas de los Días del Padre y la Madre. Obligatorio, los 15 de la hija del líder más reconocido.

Aumentaba con ello “el precio es correcto” o los “paganini” de todo proceso.

LOS BINGOS

Hubo por parte de ciertos parlamentarios una disputa copiada de elecciones de concejos, asambleas, alcaldías y gobernaciones, donde se convocaba a la gente a bingos comunales. Abierto. Con un atractivo: el que ganaba se echaba al bolsillo lo que se jugara de manera gratiniana.

La idea era una: sacar a la gente.

Cada bingo se gritaba como la última noche o el “cuadre” o “plante” al grattín.

La gente iba y el que perdía disfrutaba el momento. Antes, primero, el discurso del político de turno que aceitaba esa máquina o juego tan común en las calles y cuadras y que alcanzó altos escenarios.

SOYA A LA LATA

También hubo un programa  de entrega de soya al por mayor.

Soya y sóllate la reunión. Alimentación con torta de por medio, lenteja y leche de soya.

Afortunados los del espacio y los beneficiarios del programa. Tuvo acogida como los bingos que la mayoría de las veces se cantaban en nombre del político patrocinador del evento.

Luego se institucionalizó la entrega de mercados, tejas y cemento.

Será que habrá algo de Inteligencia Artificial, en las elecciones venideras ¿en modo Tecnología?  Por el momento, no aparece el voto electrónico en toda su dimensión…

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